24 de septiembre de 2013

LA FANTASIA...

La fantasía guarda la más estrecha relación con el deseo, El deseo tiene su origen y su modelo en la experiencia de satisfacción, a partir de la cual el objeto de deseo se halla irremediablemente perdido, instaurándose la falta.

Deseos insatisfechos son entonces las fuerzas pulsionales de las fantasías, y cada fantasía singular es un cumplimiento de deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad.

Esta realidad exterior, a la cual el sujeto debe volcarse forzado por la necesidad, instaura el principio de realidad, que impone la renuncia a una cuota de placer. Este renunciamiento doloroso, por cierto, no se consuma sin asegurar una compensación, a saber la fantasía.

El hombre se ha reservado la fantasía, una actividad psíquica que le permite seguir gozando de esa libertad que el principio de realidad ha obligado a ceder.

Freud propone entender la fantasía como los parques naturales que preservan todo aquello a lo cual el hombre se ha visto a renunciar, no sin disgusto, en pos de alcanzar fines utilitarios.

El reino de las fantasías es semejante a uno de estos parques sustraído al principio de realidad. Las fantasías permiten la adquisición del placer, independientemente de la realidad.

Podemos preguntarnos en este punto entonces ¿por que no puede este placer ser satisfecho sin más en la realidad exterior? ¿Por qué el deseo al no encontrar posibilidad de satisfacción real se vuelca a las fantasías como medio de satisfacción?

Quizás podemos pesquisar la respuesta en los sueños nocturnos, que al igual que las fantasías son una manifestación del inconsciente.




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