Qué son los Terrores Nocturnos: Síntomas y Tratamiento.
Los terrores nocturnos son alteraciones del sueño caracterizadas por un terror
extremo seguido de un brusco
despertar que suele producirse en el primer ciclo
de la noche, dos o tres horas después de que el niño haya conciliado el sueño
durante la fase NREM.
El pavor nocturno es un trastorno que
suele producirse principalmente en niños (si bien hay casos de adultos)
estimándose que entre el 1% y el 6% de los niños sufre alguna vez un episodio de terror nocturno.
Si bien a menudo suele confundirse con las pesadillas, lo cierto es que
se tratan de alteraciones muy distintas.
¿Qué son los terrores nocturnos?
Lo adelantábamos al principio, el
terror nocturno es un trastorno del sueño en el que el niño pasa bruscamente de estar profundamente dormido a una
agitada actividad caracterizada por la sudoración, la taquicardia, la
hiperventilación y, en algunos casos, el forcejeo.
Por lo general durante los episodios de terror nocturno el niño mantiene
los ojos abiertos con una mirada de pánico con evidentes síntomas de terror y
ansiedad y, aunque suele emitir gritos y gemidos, lo cierto es que en la
mayoría de los casos no se encuentra despierto. Por ello muchas veces no
responden a los estímulos externos (normalmente procedente de sus padres)
pareciendo confusos y llegando a tardar varios minutos en reaccionar.
La amnesia es un factor muy común en los episodios de pavor nocturno. Por lo
general, la mayoría de los niños no son capaces de explicar lo que sucedió a la
mañana siguiente. Es muy habitual que no recuerden nada y, si recuerdan algo,
suele tratarse de recuerdos aislados y borrosos.
¿Cuáles son los factores que provocan
los terrores nocturnos?
Si bien es cierto que no parece haber una única causa responsable de los
terrores nocturnos, existe una serie de factores que influyen enormemente en
los pavores nocturnos.
En primer lugar, tenemos que hablar de
los factores hereditarios: alrededor del 80%
de los niños que padecen terrores nocturnos tienen familiares cercanos que
presentaron este trastorno, lo que parece indicar una causa genética para esta
alteración del sueño.
La ansiedad y el estrés son dos de las principales causas de los terrores nocturnos. Por lo
general, situaciones de ansiedad vividas durante el día inducen al niño a
acostarse en un estado de agitación, predisponiendo a estos episodios.
Cansancio, falta de sueño, enfermedades, fatiga, problemas familiares,
entornos conflictivos… son otros de los síntomas que suelen presentar los niños
con terrores nocturnos.
En los adultos, todo indica a que
existe una relación entre los terrores nocturnos y el consumo de determinadas
sustancias como el alcohol o los ansiolíticos ya que suelen alargar las fases de sueño lento que son en las que
normalmente aparecen estos episodios.
Tratamiento psicológico de los terrores
nocturnos
Los terrores nocturnos causan verdadero pánico en los adultos, incapaces
de consolar a sus hijos. Despertar bruscamente al niño no está recomendado ya
que puede llegar a atacar a sus padres.
Permitir que trascurra el terror nocturno bajo vigilancia es lo más
efectivo. Al cabo de varios minutos el niño abandonará este estado de agitación
y volverá a dormirse (recordando al día siguiente poco o nada de lo ocurrido).
Por norma general, los terrores nocturnos desaparecerán al cabo del
tiempo y no necesitan tratamiento. Por tanto, bastaría simplemente con reducir
el estrés y la ansiedad a la que se encuentra sometido el niño y establecer una
buena rutina para ir a dormir. Ahora bien… ¿Cuándo es recomendable acudir a un
especialista?
·
Cuando los episodios de terrores nocturnos son crónicos.
·
Cuando el niño se ha lastimado a si mismo o a sus padres durante los
episodios.
En estos casos, el tratamiento psicológico de los terrores nocturnos es la mejor opción, tanto para el niño como para sus progenitores.
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